A veces sólo necesitamos parar, sentir y dejar que todo se desenvuelva. Igual que hace la naturaleza en esta época del año. En esta época del año, la tierra se adormece, los árboles se desnudan, los pájaros callan. Al mismo tiempo, en lo más profundo de la tierra se descompone, madura y se prepara para el inevitable nuevo crecimiento.

Con el Solsticio de Invierno (que significa "quietud del sol"), el hemisferio norte de la tierra nos recuerda la intimidad con la oscuridad, y el silencio y la quietud, en tiempos en los que no sabemos el camino a seguir. La oscuridad es el paisaje de los sentidos más profundos que no se expresan en la lucha y los logros, en las charlas o en los mensajes de las redes sociales, sino en la maduración y la fructificación interiores.

Sanar el trauma significa familiarizarse con el lado más oscuro de nuestra experiencia, aprender a notar y permitir el malestar de la ira, la tristeza, la confusión. Sí, ¡también son mensajeros de lo más profundo de nuestro corazón! Vivir una pandemia no es fácil, recuerda tomarte un momento y acoger los sentimientos que subyacen.

Todo el mundo puede dejarse seducir por la luz, la iluminación, la expansión, y tal vez se pierda al dejar que la vida sacuda, deshaga y descomponga nuestro pensamiento lineal y el conocimiento acumulado. Este proceso también es valioso y nos obliga a estar quietos y a escuchar.

Mientras celebramos el regreso de la luz del día más larga, recordemos también honrar la oscuridad por la quietud, la maduración y la fuerza interior que aporta a nuestras vidas.

 

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