Aquí estamos a finales de diciembre. No estoy seguro de vosotros, pero yo siento un montón de cosas contradictorias a la vez. Aunque es emocionante ver que este año llega a su fin, hay muchas cosas que terminar. Por lo que he leído, parece que hay dos sentimientos fuertes sobre el 2020. O bien se ha alargado infinitamente, o bien parece que hay tres años metidos en una sola rotación del calendario. Sea cual sea el extremo del espectro en el que te encuentres, 2020 ha sido mucho, ¿no? Al final de este año, puede ser útil practicar algunos ejercicios de conexión a tierra. Nuestros sentidos pueden ayudarnos a recalibrar. Así que, cuando la lista de tareas pendientes parezca demasiado larga, o cuando todo nos golpee a la vez, elige un sentido y dedica un poco de tiempo a notarlo.

 

Tocar: Observa la textura de algo cercano. ¿Estás sentado en una silla? ¿Es de tela? ¿Metal? ¿Es suave? ¿Duro? ¿Rígida?

Olfato: Enciende una vela o huele una flor. Si tienes un poco de tiempo extra, ¿qué tal si cocinas algo que te guste el olor?

Pruébalo: Bebe una taza de té de menta. También puedes comer un caramelo ácido.

La vista: ¿Qué hay a tu alrededor? Busca algo cercano y otra cosa más lejana.

El sonido: Pon una canción favorita. O céntrate en cualquier sonido que haya a tu alrededor.

 

Sea cual sea la opción que elijas para volver a ponerte en marcha, prueba cosas nuevas. Los nuevos tiempos exigen nuevas estrategias. El mero hecho de observar lo que nos rodea suele ser muy útil para recuperar el contacto con la realidad.

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