Solía enseñar a los alumnos a hacer discursos improvisados y extemporáneos. Una de las técnicas más útiles que proporcionábamos a los nuevos alumnos era la de esbozar su discurso en la introducción. El esquema más habitual consistía en empezar con un "recurso para llamar la atención", como una cita o un chiste concisos, exponer el tema y su posición al respecto, y cómo defenderían esa posición a lo largo del discurso, normalmente (y esto es importante para los fines de esta anécdota) en tres secciones.

La ventaja de un esquema es que proporciona comodidad, dirección y organización. Cuando una persona se enfrenta al juicio de un público poco receptivo, un esquema es una cálida manta de seguridad. Las miradas vacías y los bostezos no son nada contra tus poderosos poderes de estructura. El problema de un esquema es que todo el mundo utiliza el mismo esquema. 

Qué aburrido.

Cita. Tema. Posición. Tres puntos: A, B y C.

Cita. Tema. Posición. Tres puntos: A, B y C.

Hace años que no trabajo directamente con los alumnos en la oratoria. En ese tiempo, los discursos que he escuchado se han difuminado en una niebla de recuerdos en la que nada destaca. No puedo recordar mi propio discurso, y mucho menos el de otra persona. 

Excepto por uno.

Este estudiante comenzó su introducción de la misma manera. Alguna cita, algún tema, alguna posición. "Defenderé mi posición hablando primero de su historia, luego hablaré de su estado actual, y para mi tercer punto..."

Se interrumpió. En la pausa, quedó claro para el público que había olvidado su tercer punto. Entonces llegó un momento de inspirada claridad.

"...¡mi tercer punto es una sorpresa!"

Era obvio que había olvidado su tercer punto, pero todo el mundo estaba de acuerdo con su discurso. Queríamos oír lo que haría cuando llegara a su misterioso tercer punto. Transformó ingeniosamente un momento de pánico en una subversión de las expectativas, demostrando al mismo tiempo su falibilidad humana. Hizo que su discurso fuera memorable y tuviera un impacto. Que la gente se vaya y quiera hablar de lo que acaba de escuchar o aprender es una métrica clave del éxito para atraer a tu público.

Para ello, quería compartir tres consejos para atraer al público a la formación.

El primer consejo es subvertir las expectativas. Cuando se forma a alumnos adultos, se tiene poco control sobre lo que les ha llevado a la formación. Algunos participantes pueden estar allí por interés en el tema. En este caso, su compromiso está en cierto modo garantizado por el propio contenido. Otros participantes acudirán porque se les exige que asistan, quizás por razones de cumplimiento, o quizás por un reto de rendimiento, etc. Para ellos, su expectativa de formación es a menudo como una tarea de verano no deseada. Un día de formación es un día alejado de su trabajo real.

Como formador, es importante proporcionar el material con excelencia. La expectativa que debe subvertir es en torno a la experiencia. Asegúrese de que su formación sea dinámica(Academia de Habilidades de Formación: Las 5 "B" de las presentaciones dinámicas). También puede cambiar la experiencia según convenga a la formación. Deshazte de las mesas, vuelve a ponerlas, pon a tu disposición juguetes o libros para colorear, trae aperitivos, organiza fiestas de baile durante los descansos, pide a los participantes que se ofrezcan a hacer lecturas dramatizadas de los folletos.

La gente ha creado expectativas sobre lo que debe ser una formación. Cuando satisfacemos esa expectativa, el contenido se mezcla con sus otras experiencias y la sostenibilidad del aprendizaje disminuye considerablemente. Subvertir esa expectativa ofreciendo una experiencia única dará como resultado un aprendizaje más sostenido y una audiencia más comprometida.

Mi segundo consejo es establecer una conexión personal con los participantes. Parece un consejo obvio que quizá no haga falta decir. Sin embargo , hablaré de él porque es engañosamente obvio.

Si un formador consigue establecer una conexión personal con su audiencia, ésta se sentirá mucho más comprometida. El problema es que lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. Las sugerencias de ser humilde o proporcionar anécdotas personales pueden parecer un consejo fácil, pero como formadores, nos encontramos con barreras de prejuicios y percepciones de nuestra audiencia. Un formador puede contar con éxito un chiste para establecer la humildad. Otro formador que cuente el mismo chiste puede hacer que, sin darse cuenta, parezca incompetente a los ojos del público.

Para crear una conexión personal con tu público, por muy contraintuitivo que parezca, tienes que practicar tu autenticidad. Practique su material con una variedad de personas que le proporcionarán una retroalimentación honesta y constructiva. Lo que puede ser una buena anécdota para algunos es demasiada información personal para otros. Aprenda a establecer su experiencia en el tema y, al mismo tiempo, a ser accesible como compañero de estudios en la materia. Todos estos son actos de equilibrio que requieren práctica y reflexión significativa para lograrlos.

Una vez que haya logrado ese equilibrio, tendrá participantes que querrán asistir a la formación no sólo por el material, sino también para experimentar la formación de usted.

As for my third tip, well, that’s a surprise.


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